En este artículo
Termina el día y sentimos que no paramos un momento, pero lo esencial volvió a quedarse pendiente. Atendimos mensajes, resolvimos tareas y quizá ayudamos a otros, mientras por dentro crecían el cansancio y el reproche. El encuentro de Marta y María con Jesús nos invita a revisar desde dónde servimos y qué lugar ocupa escuchar su palabra.

Texto bíblico: Lucas 10:38–42
«María escogió la buena parte».
Lucas 10:42, fragmento, Reina-Valera 1909.
Marta recibe a Jesús en su casa. María se sienta a sus pies para escucharlo. Marta, distraída con muchos servicios, le pide que ordene a su hermana ayudarla. Jesús responde nombrando su preocupación y su turbación, y afirma el valor de la elección de María.
Mensaje: recuperar la atención en medio del servicio
Las tareas buenas también pueden absorbernos
La hospitalidad de Marta es una acción valiosa. El problema no se presenta simplemente como tener cosas que hacer. El relato muestra cómo los muchos servicios llegan a distraerla y a alterar su manera de mirar a su hermana y al propio Jesús.
Algo parecido puede ocurrirnos cuando el servicio se convierte en una lista que nunca termina. Poco a poco pensamos que todo depende de nosotros. Dejamos de escuchar y empezamos a medir a los demás por lo que están haciendo o dejando de hacer.
Jesús atiende a la persona, no solo a la tarea
Su respuesta empieza llamando a Marta por su nombre. La conversación nos lleva de las obligaciones externas a su inquietud interior. No somos únicamente personas que producen, organizan o resuelven; también necesitamos recibir.
Escuchar a Jesús puede ayudarnos a reconocer una exigencia que nadie nos pidió, una responsabilidad que podríamos compartir o un resentimiento que necesita ser expresado con claridad. La pausa no borra los pendientes, pero puede cambiar la manera en que los atendemos.
Escuchar y servir necesitan encontrarse
El pasaje no obliga a escoger para siempre entre una vida activa y una vida de escucha. Tampoco autoriza a dejar todo el trabajo sobre otra persona mientras usamos una actividad espiritual como excusa. Nos recuerda que la palabra de Jesús tiene prioridad y que el servicio no debe apartarnos de él.
María recibe su enseñanza como discípula. Su lugar a los pies del Maestro muestra una atención que no debería ser despreciada. Quien sirve necesita esa misma disposición para que el cuidado no termine dirigido por la comparación o el enojo.
Enseñanza para ordenar el día
Reserva un momento breve y posible para leer un pasaje y orar sin realizar otra tarea al mismo tiempo. Después revisa tus compromisos: ¿qué es necesario hoy, qué puede esperar y qué puedes compartir? Conversa los acuerdos en lugar de esperar que alguien adivine tu agotamiento.
Si te descubres repitiendo que nadie ayuda, detente antes de convertir esa frase en una acusación general. Pide una colaboración concreta. Un servicio acompañado de escucha y límites claros puede ser más fiel que una actividad sostenida solo por presión.
Conclusión
Marta y María nos acercan a una pregunta sencilla: ¿estamos dando espacio a Jesús o solo acumulando cosas que hacer? Su presencia nos invita a escuchar, revisar el corazón y servir desde una relación que también nos alimenta.
Oración
Jesús, ayúdame a detenerme para escucharte. Tú conoces mis tareas y el cansancio que a veces escondo. Enséñame a distinguir lo necesario, a pedir colaboración y a servir sin compararme. Que tu palabra oriente también la forma en que organizo mi día. Amén.
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